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Escuchar al cuerpo cuando la vida va deprisa

Yo estaba acostumbrada a caminar rápido. Cuando mis hijos eran pequeños, empecé a notar lo que pasaba si caminaba a su ritmo. Ellos paraban a mirar una hormiga, una abeja, una mariposa. Y yo, que venía pensando en llegar, me preguntaba cuánto tiempo hacía que no me detenía a mirar las hormigas. Pasamos tardes enteras observándolas. También volvimos a encontrar figuras en las nubes, algo que todavía hago.

Recordé esa historia mientras conversaba con Sergio Díaz García, kinesiólogo y fisioterapeuta especializado en neurorehabilitación. Hablábamos de la diferencia entre caminar de un lugar a otro con la cabeza puesta en lo que sigue y caminar por el gusto de moverse. El trayecto puede ser el mismo. Lo que cambia es cuánto de ese trayecto alcanzamos a vivir.

¿En qué momento nos acostumbramos a la tensión?

En la charla, Sergio puso sobre la mesa algo que también reconoce en sí mismo. Podemos pasar tanto tiempo pendientes del trabajo, las conversaciones difíciles y los asuntos por resolver que terminamos tomando la tensión como parte del día. Nos levantamos con el cuello duro, seguimos con lo que hay que hacer y recién nos detenemos cuando la molestia empieza a interferir con algo que queremos hacer.

Sergio propone mirar el cuerpo en conjunto. En su trabajo, una molestia en el cuello puede llevarlo a observar cómo se sienta la persona, cómo se mueve o cómo apoya los pies. También habla de la responsabilidad de reconocer cuándo hace falta la mirada de otro profesional. Esa disposición a mirar más allá del punto que duele me hizo pensar en cómo escuchamos a los demás. Cuando alguien se abre y nos cuenta lo que le pasa, hay mucho respeto en darle tiempo antes de ofrecerle una respuesta.

En lo cotidiano, esa escucha puede empezar con algo tan sencillo como sentir una respiración o notar la manera en que estamos caminando. Tal vez al hacerlo descubrimos que ya llegamos a casa y todavía seguimos, por dentro, en la conversación del trabajo.

El cuerpo como mapa y la historia del horno pequeño

En un momento de la charla hablamos del cuerpo como un mapa de nuestra historia. Reconocemos la mirada de un abuelo o la nariz de nuestro papá. Y, al mirar cómo vivimos, también podemos reconocer maneras de responder que aprendimos en familia. A mí me pasó hablando con mi hija mayor sobre la autoexigencia. Ella la veía en mí, en su papá y en ella misma. Al reconocerla, apareció una pregunta que antes quedaba escondida entre tantas cosas por hacer. ¿Quiero seguir tratándome así?

Eso me recordó un cuento. En una familia siempre le cortaban la cabeza y la cola al pescado antes de cocinarlo. Un día alguien preguntó por qué. La mamá y la tía respondieron que así se hacía en la casa. Después de seguir preguntando, alguien recordó la razón. El horno en el que habían empezado a cocinarlo era tan pequeño que el pescado entero no cabía.

Me gusta imaginar a esa primera persona resolviendo la cena con el horno que tenía. Hay cariño en mirar así lo que recibimos, entendiendo las circunstancias en que nació. Y, si hoy nuestro horno es más grande, podemos preguntarnos cómo queremos cocinar el pescado.

En la conversación lo dijimos de una manera que quise anotar para mí. Honro todo y elijo hacerlo diferente.

Hacerle lugar al disfrute

Casi al final, Sergio recordó una conversación con una terapeuta ocupacional que hablaba del disfrute como parte de la calidad de vida. Lo ve también en su trabajo con personas que atraviesan procesos largos de rehabilitación. Entre consultas, tratamientos y ejercicios, ¿qué lugar queda para aquello que da alegría?

Me quedé pensando en la facilidad con la que decimos «perdí el fin de semana» cuando descansamos o nos quedamos en casa viendo una película. ¿Y si la disfrutamos? ¿Y si ese descanso era justo lo que queríamos? También puede ser salir a caminar sin un destino o volver a algo que hace tiempo queríamos probar, como una clase de baile.

Al despedirnos, Sergio nos invitó a detener por un momento lo que estuviéramos haciendo y mirar alrededor. Me gusta cerrar ahí, con esa pausa y con la pregunta que me quedó dando vueltas.

¿Qué disfrute no te estás permitiendo hoy?

Puedes escuchar la conversación completa con Sergio Díaz García en el canal de YouTube de Caminos en Espiral, donde escuchamos otros caminos para encontrar el propio.

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