Una canalización sobre el cuerpo, la consciencia, la energía y el gozo de vivir.
Nuestro cuerpo, nuestro vehículo sagrado
El despertar de la consciencia es habitar completamente eso que somos. Nuestro cuerpo es nuestro templo sagrado de expresión en el mundo, y nuestra energía es ese cuerpo no tangible que también es nuestro vehículo en esta Tierra.
Si lo vemos como una nave, el cuerpo es la caparazón, la carrocería, y la energía es ese motor y sistema eléctrico que permite que funcione. La consciencia es la tripulación y el piloto.
Para el despertar debemos trabajarlos todos, alinearnos para que cada uno cumpla con su tarea. Por eso el trabajo en esos frentes es tan importante.
Si nuestro cuerpo está deshabitado porque la tripulación solo está mirando el entorno, la nave dejará de funcionar. Si la energía no circula correctamente, estaremos en una movilidad muy reducida. Y si el piloto se duerme, nos chocamos o simplemente nos estancamos.
Entonces vendrán otros movimientos, pues los guías, maestros y ángeles son los mecánicos, la torre de control, los que te pueden enviar los mapas. Pero sin la base, que es habitarte completamente, nada sirve.
El combustible de nuestra existencia
Para activar la chispa del gozo y el disfrute, que serían el combustible para vivir este viaje.
Quizás el miedo, los mandatos, el deber ser y las responsabilidades pueden haber sido ese combustible que te trajo hasta aquí. Pero es un combustible obsoleto, lleno de impurezas.
Cuando el disfrute es la chispa y el corazón es el generador energético, tu movimiento es ilimitado. Tu expansión y tu poder de acción se multiplican. El sistema funciona de una manera óptima y así el piloto y la tripulación, en lugar de intentar mantener el sistema funcionando y evitar que colapse, pueden dedicarse a disfrutar del viaje, a encontrar y decidir nuevos destinos, a disfrutar de maestros y mapas.
Porque en una nave que apenas se mueve, todo lo demás está muy limitado.
Conocer el mapa y poner a punto la nave
El Diseño Humano, conocer nuestros ciclos y ritmos, el autodescubrimiento y la aceptación nos ayudan a conocer el mapa y poner a punto la nave.
Luego, con la Danza del Fénix, se hace el cambio de combustible, se prepara y limpia la chispa para que, en el trabajo en unión sagrada, se active el corazón.
La inercia de la identidad, en nuestro modelo de nave, son todas las resistencias para habitar la carrocería o, mejor dicho, optimizar el modelo aerodinámico que es su derecho.
Porque la nave tiene peso y cambia el diseño en formas obsoletas. También hace que la energía no circule libremente.
Pero lo más importante es que mantiene ese combustible que no va más y se resiste al cambio energético.
Atravesar el umbral del cambio
El Fénix como animal de poder implica atravesar mundos y morir más allá de lo convencional.
Se trata de acompañar el tránsito a habitar el cuerpo, a que cada persona pueda entenderlo, optimizarlo y aprovecharlo, quitando todas las partes impuestas, soltando los deberías y permitiendo que cada parte ocupe su perfecto lugar.
En la Danza del Fénix se abre el umbral de transformación. Esta es la parte de la tarea más potente. Sin embargo, como la mente se ha tomado el control, necesitamos un lenguaje que le hable para que esté tranquila mientras llevamos mensajes al alma, para que el piloto despierte y la mente recuerde su lugar sagrado.
Algo similar ocurre con los ciclos. Son mapas concretos que permiten iniciar el proceso.
Tómalo simple, ten calma, confía.
Que el amor sea, hecho está.
Siento el mismo mensaje en mi ser. Hacer consciencia de nuestra humanidad con todo lo que eso implica. Todos los cuerpos que habitamos. Unidos a la naturaleza. Fluir. Soltar. Amar.
Gracias Gracias Gracias ✨️ 🙏🏻