Mi camino hacia este libro no comenzó escribiendo sobre ciclos.
Comenzó muchos años antes, trabajando con educación alternativa, homeschool y acompañando procesos familiares y de maternidad.
Durante mucho tiempo observé algo que se repetía una y otra vez: madres agotadas, desconectadas de sí mismas, intentando sostenerlo todo desde la exigencia, la productividad constante y una vida completamente separada de los ritmos naturales del cuerpo.
Y lo más profundo es que yo también estaba ahí.
Aunque siempre tuve una conexión muy fuerte con la sanación del cuerpo y con escuchar sus mensajes, vivía profundamente desconectada de mi propio ciclo. Podía percibir muchísimas cosas en el cuerpo, acompañar procesos, sostener a otros… pero no entendía todavía cómo mi propia energía cambiaba cíclicamente ni cuánto estaba intentando vivir de forma lineal.
Con el tiempo empecé a notar algo que ya no podía ignorar: mi agotamiento no era solamente cansancio físico. Había una desconexión mucho más profunda entre mi vida cotidiana, mi maternidad y mi energía femenina.
Intentaba sostener todos los días con la misma intensidad. Exigirme igual. Responder igual. Crear igual. Estar disponible igual.
Y mi cuerpo empezó a mostrarme claramente que eso no era natural.
Fue en medio de esa búsqueda que llegué a un curso de reconexión cíclica. Y honestamente pensé que encontraría únicamente información sobre femenino, luna y arquetipos. Pero lo que ocurrió fue muchísimo más íntimo y más real.
Cuando empecé a observar mi cuerpo de verdad, algo hizo clic profundamente. La conexión que comenzó a aparecer iba mucho más allá de las explicaciones habituales sobre lo femenino. Mi cuerpo empezó a hablar fuerte y claro.
Y lo que me mostró fue esto:
el cuerpo es una brújula.
No una idea bonita. No un concepto espiritual. Una brújula real.
Empecé a notar cómo mi energía cambiaba de forma consistente, cómo existían momentos naturales para pausar, otros para crear, otros para organizar, otros para comunicar y otros para limpiar y recogerme. Y lo más impresionante era que esos movimientos no eran caóticos: seguían el mismo orden que existe en la naturaleza.
Pausa.
Brote.
Expansión.
Recogimiento.
El mismo movimiento de la luna.
El mismo movimiento de las estaciones.
El mismo movimiento de la tierra antes de volver a sembrar.
Ahí entendí que esto no se trataba solamente “de la mujer” como muchas veces se plantea en espacios del femenino. Se trataba de algo mucho más profundo: la relación entre cuerpo, energía, naturaleza y vida cotidiana.
Y también entendí algo más:
cuando dejamos de pelear contra nuestros ritmos y empezamos a trabajar con ellos, la vida cambia completamente.
Hay menos desgaste.
Más claridad.
Más coherencia.
Más eficacia natural.
Fue desde esa experimentación personal que empecé a crear herramientas de observación y registro que luego acompañaron a algunas mujeres en procesos como Mujer Magnética.
Y aunque la experiencia era profundamente poderosa, me pasaba algo una y otra vez: cada vez que intentaba explicarlo todo, se volvía demasiado complejo.
Demasiada teoría.
Demasiadas capas.
Demasiada mente.
Sentía que, mientras más intentaba explicar los arquetipos, las fases y la energía femenina, más fácil era perder lo esencial: la experiencia real del cuerpo.
Entonces apareció una pregunta completamente distinta:
¿Y si no necesitábamos más información… sino volver a sentir?
Ahí empezó a tomar forma este libro.
No como un manual perfecto ni como una explicación absoluta del ciclo femenino. Sino como una herramienta viva y práctica para observarte, registrar tus ritmos y volver al cuerpo como brújula.
Un mandala.
Un mapa.
Una invitación a escucharte sin exigencia.
Y quizás eso es lo más importante de todo:
recordar que nuestros ritmos no son un problema que corregir, sino una inteligencia natural que podemos aprender a habitar.
Si sientes que este camino resonó contigo y deseas recibir el libro Mi Ciclo, Mi Ritmo junto al mandala imprimible, puedes escribirme directamente al WhatsApp.
🌙 Me alegrará compartirte este recorrido.