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El Manto que Despierta a la Mujer y al Hombre Sagrados

Una experiencia sobre el amor como fuerza que ordena

En este camino de conexión con nuestra mujer sagrada y nuestro hombre sagrado, hay momentos que no llegan como teoría ni como enseñanza formal, sino como experiencia viva.
Este 8 de diciembre, sentí con claridad que era tiempo de abrir el espacio del Manto de la Virgen: su amor, su protección y su luz suave, no como símbolo externo, sino como frecuencia encarnada.

Lo que comparto aquí no es una receta ni un ritual para repetir, sino una inspiración que ilustra un mensaje más profundo sobre el despertar del ser sagrado que habita en cada uno de nosotros.


Una experiencia que revela el mensaje

Ayer, una mujer a quien quiero y admiro mucho me habló preocupada. Su esposo había realizado una limpieza energética y había quedado con mucha carga, malestar y sensibilidad. Ella me pidió apoyo.

Lo primero que hice fue algo que vengo practicando desde hace un tiempo, cada vez con más sencillez y menos esfuerzo:

  • Conectar con el Manto de la Virgen.
  • Cubrir a su esposo con ese manto.
  • Cubrirla a ella también.
  • Cubrir su casa y su familia.

Y, sobre todo, sentir cómo la Madre abraza, calma y ordena sin necesidad de lucha.

Hoy, ella me escribió de nuevo y me preguntó:

—“Cata, ¿lo hiciste?”
—“Sí, claro que lo hice.”
—“¿Está mejor?”

Y me respondió:
“Él amaneció mejor.”

Entonces llegó la pregunta que tantas veces aparece en estos caminos:

—“¿Qué viste? ¿Había algo?”


La enseñanza del Manto

Mi respuesta fue simple y honesta:

No vi nada.
Porque ya no miro.
Ya no estoy en lucha.
Ya no peleo con nada.

Lo que he aprendido —primero en mí, luego en mi casa y ahora acompañando a otros— es que este camino ya no es de confrontar lo que parece oscuro.

Es un camino de presencia.

Cuando el amor entra, lo demás pierde fuerza.
Cuando la luz se enciende, no hace falta enfrentar la sombra.
Cuando elevamos nuestra vibración, lo que no es afín simplemente se disuelve.

Eso es lo que hace la Virgen hoy.
No expulsa, no combate, no confronta.
Abraza.

Y en ese abrazo, todo se ordena, todo se limpia, todo vuelve a su cauce natural.


Despertar a la mujer y al hombre sagrados

En cada uno de nosotros habitan una mujer sagrada y un hombre sagrado. Y esa sacralidad no nace de rituales externos, ni de títulos, ni de formas solemnes.

Nace de una elección interna:

  • Elegir la frecuencia del amor.
  • Elegir la paz como presencia.
  • Elegir el gozo como forma de oración.
  • Elegir ser canal, no campo de batalla.

Eso fue lo que confirmé profundamente en el proceso de las tríadas de sacerdotisas: el poder real no está en la lucha, sino en el amor que sostenemos.

El Manto de la Virgen despierta justamente esto: la sacerdotisa interior que ama y el sacerdote interior que sostiene.

Porque lo sagrado no es lo perfecto, ni lo distante, ni lo inalcanzable.

Sagrado es lo que se hace desde el amor.


La brújula del camino

Hay una pregunta que me acompaña desde hace años y que hoy, más que nunca, se vuelve brújula viva:

¿Y esto… cómo lo haría el amor?

Ahí se despierta la mujer sagrada.
Ahí se despierta el hombre sagrado.
Ahí empieza el orden.
Ahí vuelve la paz.

Que este 8 de diciembre,
el Manto de la Virgen te cubra,
te abrace
y te recuerde quién eres.

Con cariño profundo,
Cata

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